Pero bueno, ¡qué sorpresa verte por aquí!
Sí, lo sé, también ha sido una sorpresa que yo dejara todo para montar una cafetería de corte clásico.
Quiero darte la bienvenida al Café Central Serendipia, un punto intermedio entre lo metafísico y lo existencial, tan real como sientas y como quieras creer que es.
Entra y elige el sitio que prefieras: las mesas familiares, aquellas altas más cercanas al pequeño escenario; o quédate aquí, en los taburetes del mostrador, cerca de mí.
Yo voy a estar siempre detrás de la barra, donde he decidido quedarme, sirviendo café y conversación.
Inspirándome en los cafés con más encanto que he visitado, he creado este espacio; aunque no lo creas, llevo al menos año y medio de obras.
Hay recuerdos, sentimientos y emociones en cada pared, iluminados con una luz tenue, porque aquí prima la calidez y lo íntimo.
Después de un descanso tras haber finalizado las obras, ayer vine a prepararlo todo para esta inauguración.
Le pasé un trapo a las dos tazas que estaban fuera de su lugar y las volví a colocar con una sonrisa. Comprobé el resto de la limpieza también, que todo funcionaba correctamente.
Me imaginé la llegada de los primeros invitados y de aquellos que se acercarán a curiosear y se quedarán más de lo que esperaban.
En este lugar, café y conversación son y serán sinónimos, y tanto la bebida como la charla deben servirse a alta temperatura para que sintamos cómo nos reconforta en el centro del pecho.
En el guardarropas de la entrada, los que aún la conservamos, depositamos nuestra apariencia física; los que ya son libres de ella pueden ahorrarse el trámite.
Este es el paraíso de las conversaciones que nunca sucedieron y que quizás nunca sucederán.
¿Cuántos cafés has prometido y luego nunca has concretado? Al fin y al cabo, el primer paso para quedar a tomar café es tener dónde tomarlo.
Por eso el Café Central Serendipia, porque no quiero dejar que nada se pierda en el tiempo. Para mí es algo que trasciende de ser una metáfora o un elemento literario; permite que me repita, es tan real como lo quieras sentir y yo tengo verdadera fe en él.
Bueno, revelado el misterio, hagámoslo funcionar, ¿no? Déjame servirte un café. Yo me lo prepararé con poca cantidad de bebida vegetal de soja y buscando esa sublime consistencia cremosa que hace de cada trago una sensación única.
He elegido esta fecha porque hace muchos años leí una frase que me llamó mucho la atención y que le atribuían, con mayor o menor acierto, a Kurt Cobain: «La juventud acaba a los veintisiete, y la vida también».
Aquí, más que acabar, renacemos.
Con amplia sonrisa recibo al tiempo, que trata hasta el final de que sea yo quien le dé a él la razón cuando dice que los años me alejan de aquel niño que fui.
Motivo a motivo, como si de ladrillos se tratase, he ido construyendo este lugar donde ese tiempo deja de ser una variable significativa, desde el mismo momento en el que cruzas esa puerta.
No es verdad, no funciona así, y, ahora que lo he comprendido, quiero relatarlo todo desde este punto de vista: que cada café deje esta sensación de tranquilidad de saber que el adulto y el infante conviven en uno mismo.
Por eso se sitúa entre lo terrenal y lo espiritual, porque aquí he vuelto a ver a aquella que parió a mi padre siendo la niña de largas trenzas, traviesa, que ella misma me relataba recordando sus momentos felices.
Aquí es Eva quien viene a visitarme. Aquí no hay que leer entrelíneas. Aquí estaré para todos cuando todo termine.
Para mí, hace esquina con la Calle de la Esperanza, pero está donde quieras que esté.
Yo no escribo textos, no hago canciones; yo sirvo café en el Café Central Serendipia.
Cada tipo de café será una forma literaria o de expresión.
Un recorrido totalmente atemporal, ya que todo lo que soy y puedo ofrecer está aquí reunido bajo un mismo concepto.
Todo lo que soy pasa a ser el momento presente en este instante, pero lo que me hace serlo es el camino realizado.
Todo tiene conexión, referencias y relaciones, que probablemente solo entiendo yo y, algunas menos, el resto de mis familiares y cercanos. Pero la oportunidad de hacerlo aguarda aquí.
Ven cuando quieras.
Tan solo tienes que conseguir un mínimo de consciencia en el preciso instante en que tu mente desconecta de la situación que vive tu cuerpo y viaja por donde quiere.
Enfócate más allá del más allá.
Haz de cada uno de tus cafés, un café del Café Central Serendipia acompañándolo de una lectura.
Puedes encontrarte aquí con todas aquellas personas que te falten, puedes tener todas las conversaciones que te apetezca imaginar.
Gracias por acercarte a la inauguración. Nos vemos pronto.
¡Ah! Y deséame suerte como barista de palabras!
